Underworld
Este fin de semana he tenido la oportunidad de ver la cuarta película de Underworld en el cine. La verdad es que no me sentía con muchas ganas de verla, pues es una cuarta parte de una saga, de la cual solo la primera mereció la pena. Aun así, decidí darle una oportunidad, pues aunque las anteriores no eran muy buenas, al menos eran entretenidas.
Si tuviera que resumir esta cuarta película de Underworld en una palabra, sería: Pasable. En este largometraje no hay más de lo que uno espera cuando oye que vampiros y hombres lobo pelean entre sí para controlar el mundo de los humanos. ¿Qué esperaba yo?, pues grandes escenas de acción, actores aceptables y una historia que enganche.
De los tres requisitos antes mencionados, los dos que más flojean son los actores y la historia. Kate Beckinsale vuelve a ponerse en la piel de la protagonista de la saga y se la ve segura en su papel, conociendo bien los modos de la heroína y su forma de transmitir. Pero luego hay otros actores que, no solo sobran, sino que emborronan situaciones con actuaciones absurdas o muy exageradas. Entre esos personajes encontramos al típico policía que va por su cuenta ya que sus compañeros son unos idiotas, y al vampiro, "modelo de revista", que llega de la nada y poco o nada aporta a la historia excepto frases embarazosas y tópicos demasiado cansinos y obvios.
Lo que si resulta un alivio son las escenas de acción, tan brutales y desgarradoras como cabía esperar. Underworld es una saga que se conoce por su crudeza visual y su énfasis por el color rojo, y esta entrega no defrauda en ese sentido, siendo, tal vez, de las más brutales de todas ellas.
En general, Underworld es una película entretenida, sin más. ¿Sobraba?, yo creo que si. Esta entrega no aporta nada nuevo a los conceptos prefijados por las anteriores entregas, ni resuelve ningún enigma de importancia para futuros largometrajes, que los habrá. La verdad es que hay cosas mejores en el cine que esto.
NOTA: 6/10.